Historia y leyenda de la diosa Kishimojin en el templo de Iriya
En torno al templo Iriya Kishimojin gira una de las leyendas más singulares del budismo en Japón. Los viajeros destacan que este santuario está dedicado a Kishimojin, una deidad de origen indio que, según el relato tradicional, pasó de ser temida a convertirse en protectora. Se cuenta que en su faceta oscura secuestraba y devoraba niños, hasta que Buda hizo desaparecer a su propio hijo para que experimentara el mismo dolor que causaba. A partir de entonces, la diosa se transformó en guardiana de los pequeños y de las mujeres, muy ligada al nacimiento y a la correcta formación de los niños. Esta evolución de figura malvada a madre protectora aporta al templo una dimensión espiritual muy particular, que muchos visitantes perciben como el verdadero alma del lugar, más allá de la arquitectura o el entorno urbano de Tokio.