Un santuario escondido junto al Palacio de Kioto, fuera del circuito turístico
En los relatos sobre el santuario Mikane aparece siempre la idea de descubrimiento. Quien lo visita destaca que, pese a estar a pocos metros del Palacio de Kioto, uno de los grandes polos turísticos de la ciudad, este pequeño recinto sigue siendo sobre todo un lugar de culto para la gente local. Esa condición de rincón escondido, fuera de las grandes guías internacionales y de las rutas más trilladas, hace que se viva como una sorpresa tranquila en pleno centro urbano. Como comenta Sebastian Muñoz, basta con desviarse un poco de los recorridos habituales para encontrar “verdaderas joyas por descubrir”, y Mikane encaja exactamente en esa categoría: un santuario discreto, auténtico y todavía poco masificado, ideal para quien busca una experiencia más local en Kioto.