Ambiente pequeño, colas y encanto local en el restaurante Zé Manel dos Ossos
Más allá de la comida, Zé Manel dos Ossos conquista por su carácter cercano y casi íntimo. El local es muy pequeño, con pocas mesas, y esto condiciona la experiencia: conviene llegar pronto tanto a la hora de comer como de cenar, cualquier día de la semana, y estar dispuesto a esperar un poco antes de sentarse. Quien conoce el sitio insiste en que, aun así, “não se vai arrepender”, porque el encanto del lugar compensa la espera. Mientras se disfruta de los platos, el tiempo se acompaña leyendo los mensajes que antiguos comensales han ido dejando en pequeños papeles que cubren las paredes, una especie de mural espontáneo de recomendaciones que refuerza la sensación de estar en uno de esos restaurantes locales con alma, donde cada visita deja huella.