Restaurante soviético escondido en el mercadillo Vernissage de Ereván
Entre los puestos del mercadillo Vernissage, muy cerca de la plaza de la República de Ereván, se esconde un pequeño restaurante que muchos viajeros describen como uno de los rincones más fascinantes de la ciudad. El acceso forma parte de su encanto: hay que adentrarse entre las paradas de los pintores y localizar, bajo un toldo azul, una discreta puerta por la que entran y salen artistas con sus cuadros. Tras ese umbral aparece un universo doméstico y soviético donde la protagonista absoluta es la dueña, una mujer enérgica y cercana que rompe con los códigos machistas aún presentes en Armenia y que manda en la cocina y en la sala. Allí sirve pescado, dolma de col rellena, quesos, carne, verduras en vinagre y un vodka casero que acompaña a la comida como si se tratase de una visita a una casa familiar. Un sábado o domingo cualquiera, la experiencia puede convertirse en un auténtico viaje gastronómico en el tiempo, sencillo, económico y con un fuerte componente humano.