Valoraciones sobre el servicio y los tiempos de espera
El servicio en sala y, sobre todo, los tiempos de espera generan una de las críticas más duras hacia El Dolmen. Un viajero relata que, tras pedir el menú a primera hora de la tarde, el café final llegó más de dos horas y media después, lo que convierte una comida sencilla en una experiencia excesivamente larga. Además de los problemas con la calidad de los platos, esta demora entre servicio y servicio pesa en la percepción global del lugar. La sensación que queda es la de “una eternidad entre plato y plato”, algo que puede arruinar una parada para comer durante una jornada de ruta por Asturias. Esta opinión contrasta con otros comentarios que se centran en la carta y la ubicación, pero subraya que la organización del servicio puede ser un punto crítico en momentos de afluencia.