Ambiente local y hospitalidad en el pueblo de Canaima
En el pequeño pueblo de Canaima, puerta de entrada al Parque Nacional y punto de partida hacia el célebre Salto del Ángel, muchos viajeros descubren que el auténtico encanto va más allá de sus paisajes. Más allá de servir solo como base para excursiones, el lugar invita a quedarse algún día extra para convivir con sus habitantes. Como comenta Las Aventuras de Ruvik, al tomarse ese tiempo aparecen “gentes sencillas” y una comunidad que vive con lo justo, pero rodeada de una naturaleza abrumadora. También llaman la atención los niños de la escuela, un centro muy básico donde, pese a la modestia de los recursos, predomina un ambiente alegre. Esa combinación de amabilidad cotidiana, vida simple y entorno natural privilegiado convierte la estancia en Canaima en una experiencia humana cercana y auténtica, que muchos recomiendan no pasar por alto en una visita demasiado apresurada.