Un museo concebido como una casa señorial
Más que un museo al uso, el Bröhan se vive como una visita a una elegante casa señorial. El edificio, de aire colonial y en sintonía con las residencias palaciegas de la calle, refuerza esta sensación. En el interior, las piezas no se muestran de forma aislada, sino integradas en estancias que parecen habitadas, donde las alfombras, tapices y porcelanas se colocan como si fueran los complementos reales de una vivienda sofisticada. Como comenta mmozamiz, al entrar es “como si lo hicieras en una preciosa casa en lugar de en un museo”, lo que convierte el recorrido en una experiencia muy curiosa y entretenida. Cada objeto se percibe como parte de una historia cotidiana, lo que facilita imaginar cómo se usaban y cómo se vivía rodeado de este tipo de diseño y artes decorativas.