Vida cotidiana de los monjes de Mingun y su educación
En el monasterio de Mingun muchos de los monjes son niños de las aldeas cercanas, enviados por sus familias en busca de educación y de una vida más asegurada. Los viajeros describen una rutina muy austera: la jornada empieza de madrugada, cuando salen con su olla a pedir comida por el pueblo, ya que no pueden manejar dinero y dependen totalmente de la generosidad de la gente. Comen una sola vez al día, todos juntos, con lo que han recibido, sin elegir menú, lo que los mantiene alejados de las preocupaciones materiales. Después, el día continúa con el estudio de religión y también de inglés, matemáticas o filosofía, mostrando el papel del monasterio como escuela y refugio.