Subida a La Marmotte, vistas alpinas y bajada en trineo en Verbier
En La Marmotte la experiencia empieza mucho antes de sentarse a la mesa. Para llegar hay que caminar unos dos kilómetros hasta alcanzar los 1.900 metros de altitud, un esfuerzo que se ve recompensado en cuanto se domina el paisaje. Según cuenta Fede, una vez arriba “merece la pena el esfuerzo” porque las vistas son impresionantes y permiten disfrutar de la montaña en todo su esplendor. Tras la caminata, el ambiente invita a recuperar energía con una fondue caliente, muy en sintonía con la tradición suiza de alta montaña. El regreso pone el broche más lúdico a la jornada, ya que la bajada se hace en trineo, convirtiendo el trayecto de vuelta en una actividad divertida que combina aventura suave, entorno alpino y gastronomía típica en un mismo plan.