Una experiencia inolvidable en Santiago de Compostela desde un ático privilegiado
La estancia en el Hostal Alfonso se convierte, para quien descubre la habitación 301, en parte esencial del propio viaje a Santiago de Compostela. La combinación de un espacio mínimo pero acogedor con la vista directa a la catedral genera un ambiente casi hipnótico, hasta el punto de cambiar los planes del viajero. Una autora relata cómo renunció a dormir y a cenar con tal de contemplar cada instante del atardecer, la aparición de la luna y el progresivo encendido del templo. Ese recuerdo queda tan ligado al destino que, en visitas posteriores, el regreso a Santiago pasa siempre por intentar recuperar esa misma habitación, aunque casi nunca esté libre. Para algunos, el Hostal Alfonso queda así reducido a un solo número, una especie de refugio secreto que transforma una noche de alojamiento en una experiencia emocional difícil de repetir.