Devoción y miles de veladoras en la Ermita de la Virgen de Guadalupe
En la parte trasera de la basílica de Guadalupe, la Ermita de la Virgen de Guadalupe se presenta como un rincón especialmente cargado de fe popular. Los viajeros destacan la presencia de las estatuas de la Virgen y de San Juan Diego, el indígena al que, según la tradición, se apareció la Guadalupana, lo que refuerza el carácter simbólico del lugar. Sin embargo, lo que más impresiona es el impacto visual y sensorial de las miles de veladoras que se encienden cada año en la víspera de la fiesta. Como describe Diana Patricia Montemayor Flores, son tantas flamas ardiendo que el calor casi impide acercarse, una imagen poderosa que muchos interpretan como la expresión visible de la devoción de los fieles mexicanos hacia su patrona. Este juego de luz, calor y silencio convierte la ermita en un espacio de recogimiento muy especial dentro del conjunto guadalupano.