Espectáculo de luces y decoración en la Sala de los Espejos del Palacio de Golestán
En la Sala de los Espejos del Palacio de Golestán, la sensación de pequeñez ante la magnitud del trabajo artesanal es una de las ideas que más se repite. Los muros cubiertos de infinitos espejos de cristal crean un juego de luces deslumbrante cuando entra el sol, hasta el punto de que muchos viajeros sienten que están rodeados de auténticas joyas. Como comenta Dónde vamos Eva, los reflejos “simulan las preciadas joyas” y convierten la sala en un espacio casi irreal. A este efecto se suman los delicados azulejos y elementos decorativos, incluido papel pintado traído desde Europa, que refuerzan la impresión de estar ante una joya arquitectónica y artística única. La belleza del conjunto abruma, hasta el punto de que hacer fotos de cada detalle resulta imposible, y se invita más bien a contemplar y atesorar la imagen en la memoria, algo que ayuda a entender por qué forma parte del Patrimonio Mundial.