Celdas del monasterio de Santa Catalina: vida cotidiana y austeridad intramuros
Las experiencias en las celdas del monasterio de Santa Catalina en Arequipa dibujan un mundo intramuros lleno de contrastes. Por un lado, se respira austeridad monacal en espacios que eran, en esencia, pequeñas casas con habitación, cocina y patio con jardín, concebidas como retiro discreto y silencioso. Por otro, muchos de estos cuartos reflejaban el origen acomodado de las monjas, cuyas familias financiaban amplias estancias con zona de estar, cama y un espacio diferenciado para la sirvienta que cocinaba, cosía y lavaba para ellas. Los viajeros destacan la sensación de recorrer un laberinto de callejuelas, pasadizos y muros que conecta unas celdas con otras, y cómo estos patios llenos de macetas y flores aportan frescura a un conjunto que, pese a los privilegios de algunas religiosas, mantiene la sobriedad propia de la clausura. El paseo permite imaginar cómo era vivir de espaldas al pueblo, en una ciudad dentro de la ciudad, aislada pero llena de vida interior.