Comida escasa, precios elevados y pérdida de calidad en Casa Serafín
La única experiencia compartida sobre Casa Serafín se centra en una fuerte sensación de decepción con la relación calidad-precio y la evolución del restaurante tras el cambio de dueños. La comida se describe como escasa para lo que se cobra, con un almuerzo para cuatro que incluye paella, pescado, puntillas de calamar y cervezas por 130 euros sin vino ni postre. Esta combinación de raciones justas y factura elevada lleva a concluir que “ya no es lo que era”, una frase que resume bien el contraste entre las expectativas previas y la realidad actual. También pesa la comparación con otros locales de la zona, donde se siguen ofreciendo ventajas como el aparcamiento gratuito, algo que en Casa Serafín se ha perdido, reforzando la idea de que lo único que permanece es el nombre y dejando clara la decisión de no repetir visita.