Historia y arquitectura de la Basílica Nuestra Señora del Rosario en Buenos Aires
La Basílica Nuestra Señora del Rosario destaca en Buenos Aires por una historia ligada a la Orden de los Dominicos y a algunas de las figuras más relevantes de la arquitectura colonial. Marta Pilar recuerda que el templo se levantó en 1751 sobre antiguas capillas dominicas y que sus orígenes están vinculados al arquitecto Antonio Masella, de gran trayectoria en el país, junto a otros profesionales como Francisco Álvarez y Manuel Álvarez Rocha. A pesar de las interrupciones por la secularización de la época de Rivadavia, el edificio continuó transformándose: en 1849 se completó la torre faltante y en 1909 el papa Pío X la elevó al rango de basílica, ya con la intervención final de Mario Buschiazzo. El interior presenta tres naves, con una nave central cubierta por una bóveda de cañón revestida en mármol cincelado, y un atrio al que se accede por tres rejas con arcos. Incluso su altar mayor tuvo que ser reemplazado tras los incendios de 1955, reflejando cómo el edificio ha sabido renacer varias veces a lo largo de su historia.