Vistas panorámicas de Roma desde el jardín de los naranjos junto a Santa Sabina
Junto a la basílica de Santa Sabina se abre uno de esos rincones secretos que acaban marcando un viaje a Roma: el jardín de los naranjos, un mirador tranquilo desde el que se domina la ciudad. Quien lo descubre casi por casualidad acaba volviendo una y otra vez, porque desde allí se abarcan algunos de los grandes monumentos, el cauce del Tíber y el perfil del Trastevere enmarcados por los árboles. Una viajera lo describe como su lugar favorito en Roma y confiesa que, cada vez que regresa, lo comparte con sus acompañantes porque siempre les entusiasma. La sensación de calma y de amplitud invita a detenerse largo rato, incluso a quedarse “mirando al infinito” mientras cae la tarde, convirtiendo este mirador del Aventino en una visita muy recomendable para disfrutar de un atardecer distinto sobre la ciudad.