Centro histórico de Ayacucho y arquitectura de casonas antiguas
Ayacucho aparece en los relatos como un pueblo detenido en el tiempo, al pie de las sierras de Tandil y en plena Pampa bonaerense. Fundado en 1865, conserva todavía muchas construcciones de finales del siglo XIX, lo que le da un aire apacible y nostálgico. Según cuentan quienes lo visitan, el centro es muy tranquilo y se disfruta paseando sin prisas, fijándose en las casonas y en los grandes parques que estructuran el casco urbano. Ese carácter histórico no se presenta como algo museístico, sino como parte natural de la vida diaria del pueblo, que mantiene su escala humana y su ritmo pausado. Para muchos, el encanto de Ayacucho está precisamente en ese ambiente sereno y en la sensación de estar caminando por un lugar que ha sabido conservar su identidad y su patrimonio arquitectónico sin estridencias.